Ser maestro: entre vocación y libertad porque…
Ser libres significa tener la capacidad de ver claramente todos los caminos practicables y la posibilidad de recorrer el más adecuado en un determinado momento.
En la sociedad nuestra somos esclavos del “haber”: del dinero, de la casa, del aspecto exterior, de la reputación, de la pertenencia. Si los alumnos pudieran desde el nacimiento experimentar el verdadero amor, la verdadera dedición, el sentirse parte de una familia, el sentirse importante, probablemente serian todas creaturas libres.
Somos nosotros que le ensenamos que pueden ser libres y que pueden librarse de todo lo que es accesorio.
Para llegar a este resultado es indispensable el trabajo de un buen maestro.
Pero el significado de “educación” nace mucho antes que el de “maestro”.
Educar es un arte y como tal necesita un don. Las madres y luego los padres lo tienen innato cuando nos referimos a los propios hijos.
Y los maestros? Igualmente necesitan aquel don: yo lo llamo “vocación” pero podéis llamarlo como os parezca mejor.
Mañana será dificilísimo formarse y para hacerlo no será suficiente ir al cole.
La escuela ha sido en todos los países la verdadera unidad; ha sido un idioma en las casas.
La escuela ha sido integración, igualdad; la escuela ha sido el ’68: el derecho de todos.
La escuela ha sido esperanza, tal vez, la que ya hemos perdido porque la escuela son dos generaciones juntas: el pasado a conocer y el futuro a crear.
Ayer existían las dos.